El mes pasado, la revista Fucsia me pidió que escribiera un artículo para un especial sobre cómo salir de la tusa.  Lo primero que hice fue establecer la diferencia entre «tusa» y «duelo», porque no son lo mismo.

¿Qué es la “tusa”?
Eso que llamamos tusa es un estado emocional originado en la ruptura de una relación de pareja. Es un estado emocional, repito, en el cual se mezclan diversas emociones, incluso contradictorias: tristeza, rabia, miedo, frustración, resentimiento, culpa, arrepentimiento, deseo de venganza… Y también, alivio, tranquilidad, alegría, ilusión…

No importa si tú terminaste la relación o si el otro la terminó; una relación que se cierra implica que una «forma de ser tú» se acaba, muere. Incluso si es una versión de ti que no te gusta mucho, sentir que tu identidad ya no está tan clara, te duele y te inquieta.

La tusa, entonces, tiene que ver con el legítimo dolor de la etapa posterior a la muerte y previa a la configuración de una nueva identidad. Es como una «temporada en el limbo«…

Aceptar que nos duele la ruptura, por la ausencia del otro y por la pérdida temporal de identidad será lo que nos permita salir del limbo y comenzar la elaboración y la sanación propias del duelo.

¿Qué es el «duelo»?
El duelo es el proceso de elaboración y transformación: el purgatorio. Quizás sabes que el duelo tiene varios momentos que no son lineales ni de una sola vez. Estás en duelo cuando ya identificaste el origen de tu dolor y deseas sanarlo. El comienzo del duelo es la «disposición a sanar la herida». 

Por eso es importante aceptar la tusa, porque durante la tusa identificas la herida, esa fuente de tu sufrimiento, en TI, comienzas a ver lo que te pasa a TI con la ruptura, lo que a TI te duele, lo que TÚ crees que perdiste… Sin esa identificación, estarás engañado creyendo que no hay nada que sanar.

Hoy, en Tenemos que hablar… ¿Qué diferencia la tusa del duelo?