CUANDO VEO EN TI LO QUE NO QUIERO VER EN MÍ: TÚ, MI ESPEJO

“Te siento desconectado”: este era el reclamo que hacía con más frecuencia; algunas veces lo decía, otras veces lo pensaba, y me dolía. Lo veía desconectado de mí y de sí mismo. Para mí era fácil verlo en él, siempre es más fácil verlo en el otro y esperar que el otro cambie para que […]
“Te siento desconectado”: este era el reclamo que hacía con más frecuencia; algunas veces lo decía, otras veces lo pensaba, y me dolía. Lo veía desconectado de mí y de sí mismo. Para mí era fácil verlo en él, siempre es más fácil verlo en el otro y esperar que el otro cambie para que a uno deje de dolerle. Pero no funciona así. 

Cuando comencé mi proceso de formación Como Integrative-Shadow Coach comprendí que eso que yo veía en Camilo era algo que estaba en mí: algo que yo debía sanar: era mi aprendizaje lo que me llamaba a través de ese dolor que sentía. Porque era yo quien estaba desconectada: de mis emociones y necesidades, de mi cuerpo, de la Vida con sus matices e intensidades, de los otros y de Dios. Mi dolor provenía de mi propia desconexión, la suya también estaba ahí, sin duda; pero sólo nos duelen nuestras heridas y cualquier cosa que yo perciba que falta en una situación es algo que yo no estoy poniendo en ella... No me gustó mucho asumir esta responsabilidad, pero no hay otro camino cuando quieres recuperar tu poder, recuperarte...

Las personas que más “aprietan botones emocionales” son nuestras parejas, porque con ellas tenemos la misión de transformar las creencias que tenemos sobre el Amor. Si nuestras necesidades básicas son las de ser amados y pertenecer, es “lógico” que sea con la pareja con quien más heridas tengamos que sanar. Estas heridas, estos “errores de percepción”, están ancladas en la infancia: entonces aprendimos qué era el amor en las dinámicas de relación de nuestros padres entre ellos y con nosotros. No es que mi esposo sea “igualito” a mi papá, es que con él yo puedo recrear la dinámica amorosa familiar (por eso vemos que la misma persona puede ser completamente distinta en otra relación). 

No hay encuentros al azar ni relaciones gratuitas: cuando comprendemos esto, vemos en cada relación –incluso en las más dolorosas– un regalo, una oportunidad. Por eso comencé mi proceso de re-conexión: era yo quien necesitaba volver a sentir, volver a escuchar lo que decían mi cuerpo, mi corazón y mi alma. Porque recibir el regalo implica usarlo: o sea, emprender el camino de aprendizaje y sanación. La mayor dificultad está en asumir nuestras heridas, nuestra responsabilidad; siempre es más fácil ver al otro, esperar que cambie y achacarle nuestra infelicidad porque no lo hace.

Cuando me vi a través de Camilo y elegí aceptar mi misión de aprendizaje no sólo me liberé de algunas creencias, me recuperé y recuperé mi poder, sino que también lo liberé a él porque ya no “necesitaba” seguir viéndome en él: hoy puedo verlo, a él, sin que me duela. Ya no tengo que repetir el curso –que hice varias veces en mi vida–, por lo menos no este!! Este el regalo: tu poder.

PD: lo del espejo no sólo funciona con las parejas; cualquier persona que “apriete tus botones emocionales” es un espejo (también cuando son emociones “positivas”): tienes la oportunidad de integrar y sanar un nuevo aspecto de ti, alguna herida... Atrévete a conocerte y recuperarte a través de los espejos que la vida te pone!!

Un abrazo,
Carolina.

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​Cuando pienso en mi experiencia relacional y también en las experiencias de muchas otras personas a quienes he acompañado en mis talleres y en coaching, me doy cuenta de que la mayoría de nosotros ha cometido un error fundamental: pensamos en "trabajar en la relación" cuando hemos llegado a un límite, cuando estamos en medio de la "crisis". Entonces confundimos el proceso de resolver la crisis con el trabajo en la relación... Es como con la salud, en general no cuidamos la salud, sino que tratamos la enfermedad cuando los síntomas ya nos lo exigen. Cuando los síntomas disminuyen su intensidad y creemos estar sanos, volvemos a las prácticas de siempre.

Trabajar en nuestras relaciones... comencemos por aclarar qué significa eso. Según la física mecánica "se dice que una fuerza realiza trabajo cuando altera el estado de movimiento de un cuerpo. El trabajo de la fuerza sobre ese cuerpo será equivalente a la energía necesaria para desplazarlo de manera acelerada". Así que trabajar significa alterar el movimiento... Las relaciones tienen un movimiento previsible, según quienes las conforman y, también, según el momento de la relación y las circunstancias que las rodean. Estamos convencidos de que es "natural" que las relaciones entren en la monotonía, que nos distanciemos, que la frecuencia de los encuentros sexuales y su intensidad disminuyan... "Así son las cosas" nos decimos, aunque deseemos que sean diferentes. Y es posible que el "movimiento natural" de las relaciones sea ese. Por eso es necesario imprimir una fuerza, usar energía para desplazarlo en la dirección deseada; es decir, trabajar.

Antes, el trabajo tiene que ver conmigo: cómo me relaciono, cuáles son mis creencias y patrones, qué puedo aprender de lo vivido hasta ahora, qué historias tengo que completar, qué heridas necesito sanar... Todo esto lo hago para no llegar a una nueva relación a cometer los mismos errores, a pasarle la factura a esta persona por todo lo que otros me quedaron debiendo, para llegar llena de amor y con una vida feliz para compartir con alguien sin esperar que me dé su amor ni que me haga feliz!! Esto es lo que significa "prepararse para amar".  

Cuando estaba escribiendo el libro "Preparándote para amar", a comienzos del 2015, me di cuenta de que todo lo que escribía era lo que necesitaba aprender... Fue un proceso intenso de sanación y escritura simultáneas. También sé que este trabajo no cesa nunca, como no paramos de cuidar nuestra salud. Es el fundamento: mi amorosa relación conmigo misma y con mi vida es la base sobre la cual puedo construir mis otras relaciones, si la base es débil, será muy difícil crear relaciones sólidas.

Durante, el trabajo es compartido: cuál es nuestro propósito, cómo nos comunicamos, cuáles son nuestros acuerdos y cuáles son nuestros indicadores, cómo respondemos a los cambios... Sí, puro trabajo en equipo. Esta parte del trabajo requiere la disposición y el compromiso de los dos, así como su coraje porque estas conversaciones son territorio de absoluta vulnerabilidad. Claro, también tenemos que aprender, porque los modelos de relación de los cuales aprendimos a relacionarnos son muy distintos de estas relaciones nuevas que anhelamos co-crear.

Después, el trabajo es individual y compartido a la vez: las historias pueden terminar por muchas razones y necesitamos prepararnos también para esta posibilidad. Si hemos hecho el trabajo del antes y del durante es posible que decir "adiós" amorosamente sea más sencillo. Juntos podemos crear un contenedor de comprensión y amor para acompañarnos en la separación. Luego cada uno tendrá que hacer el duelo para integrar la historia y sus aprendizajes en su propia aventura de vida, para honrar el camino compartido y atesorar la forma como el amor que somos se expresó en esa relación única.

En fin, la vida es un viaje de aprendizaje y las relaciones (todas ellas) son viajes de aprendizaje compartido: esta es la aventura de vivir, esta es la aventura amorosa...

Un abrazo,
Carolina.


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