Cuando era niña, mi hermano mayor solía decirme que era adoptada (parece ser una tradición de hermanos mayores cuyo origen sigue siendo un misterio…). Y yo le creía, tanto le creía que un día «empaqué» mi cobija y un par de cosas más y salí de mi casa dispuesta a encontrar a mi verdadera familia… Tenía 7 años, menos mal mi hermano me alcanzó antes de que llegara al paradero de buses y… Bueno, no quiero pensar en las posibles derivas de esa decisión.  El asunto es que yo le creía porque me sentía «diferente» y no sólo de mi familia, sino de la mayoría de mis amigos del colegio y de la «cuadra». 

Esa sensación siempre ha estado en mí y, por lo que escucho de muchas y muchos de mis clientes, no soy la única. Cuando un coach y un cliente se encuentran existe un «lugar común» donde nos reconocemos… Para mí, ese lugar es el de ser extrañas criaturas… Y no poder encajar al tiempo que sentir una dolorosa añoranza de pertenecer a una familia, a una comunidad en la que nos re-conozcamos en y con otros.

También ha sucedido que he hecho enormes esfuerzos por encajar, hasta que mi alma se rebela y me lleva de vuelta a la búsqueda del camino, de la manada. Cuando he estado en estas situaciones de «encajamiento forzoso» y mi alma ya no aguanta más, han llegado a mí historias salvadoras; relatos que le dan voz a mi inquietud y a mi anhelo. 

El patito feo es una de esas historias; hoy quiero leerla para ti. Quizás encuentres en este cuento «migajas» que te guíen de regreso a casa… 

Ah! Estamos en el mes de enamorarnos de nosotras mismas, de nosotros mismos… Sin duda, reconocer a la bella extraña criatura que eres es esencial en esto de amarte.

​Un abrazo,
Carolina.

Un cuento para ti… Quizás también un cuento sobre ti…

A propósito de patitos feos y otras historias de criaturas extrañas

por | Abr 18, 2017 | Sin categoría | 0 Comentarios