Esta mañana, en una sesión, surgió esta frase: «Yo siempre he dado más, por eso decidí que ahora yo soy mi prioridad». Claro, es una idea que también yo he tenido, es una declaración que también he hecho.  Mas sólo hoy, en esta conversación, me di cuenta de que es una idea que debo cuestionar…

Comienzo con la primera parte: «Yo doy más que el otro».  Lo primero que veo es que la idea implica una injusticia: es injusto que uno dé más que el otro. Es injusto porque si yo doy más, yo quedo con menos… La idea sería que el otro me dé lo mismo que yo doy para que yo no sufra pérdidas.  ¿Eso tiene sentido? Mmmmm, desde la creencia en el amor como algo finito, como un recurso agotable, tendría sentido… Sin embargo, el amor no es finito, no se agota. Es más, en las leyes espirituales, que son las que «regulan» el amor, cuanto más amor das, más amor tienes. 

Luego está el asunto del «más», este adverbio de cantidad implica que tenemos un referente y un sistema de medición, algo así como un «amorómetro» con asignación de puntos por categorías… -Recogerte en el aeropuerto: 15 puntos -Llevarte a la casa: 5 puntos -Acompañarte a un asado familiar: 30 puntos -Acompañarte a un asado de tus amigos de la universidad: 7 puntos… Si no tenemos estos referentes ni este sistema, ¿cómo sé quién está amando más, dando más?  Espero que puedas ver el absurdo de esta idea!!

Finalmente está el asunto del «otro»… Resulta que cada uno de nosotros es  único: tenemos formas únicas de expresarnos, de sentirnos, de actuar, de pensar. Cuando comparo mi manera de amar con la del otro, estoy implicando que el otro debería ser como yo; no estoy reconociendo lo que lo hace único, diferente de mí. Estoy esperando que exprese, sienta, actúe y piense como yo. Si, por ejemplo, el otro gana más dinero que yo y me invita a comer a restaurantes finos, ¿doy menos amor si lo invito a un picnic al parque con sándwiches que preparé en casa? Si yo soy más introvertida y no disfruto mucho los espacios sociales con más de 6 personas, ¿amo menos si no voy con él a una fiesta en bar de música electrónica?  Creo que tenemos expectativas construidas desde la identidad propia, que consideramos la medida y la forma correcta. 

Muy bien, ahora veamos la declaración: «por eso decidí que ahora yo soy mi prioridad». Aclaro que creo completamente en que cada uno de nosotros debe ser el centro de su vida, esto significa que mi felicidad o mi infelicidad no estén en manos de otro, sino en las mías.  Pero esa declaración no implica que yo sea el centro… Implica que protegerme y ser precavida con el «amor que doy» es lo que me hace feliz y, la verdad, esto sí lo pongo totalmente en duda: eso es miedo, no amor.  

Algo más grave aún: implica que la persona con la que ahora estoy debe «pagar» la deuda de mis relaciones anteriores… No sólo debe estar dispuesta a recibir poco de mí, sino que debe estar dispuesta a darme muuuuuchooooo para que yo recupere todo ese amor que perdí dando y dando en el pasado.

Amar es conocer y darnos en extensión: te conozco, te veo como un otro con quien comparto la humanidad y la divinidad, siendo cada uno expresión diferente de humanidad y divinidad. Sé que el amor que soy no tiene límite y que sólo es real para mí cuando lo expreso, por eso cuanto más amor doy, más amor tengo…  Tú y yo juntos somos una experiencia nueva; yo soy una persona nueva contigo: nos afectamos mutuamente. Quiero conocerte y conocerme ahora. Es ahora, en este presente, siendo fiel a mí misma, cuando elijo amarte y expresarte mi amor como sólo yo puedo expresarlo, sin condiciones que limiten mi poder de amar…

Un abrazo amoroso… Y te invito a ver el video-blog en mi página de facebook