Contar para Sanar

Carolina Alonso C.

Es 22 de septiembre, estoy a 2 meses de cumplir 45 años. En las últimas semanas los dolores articulares se agudizaron y volví a pasar muy malas noches, sin poderme acomodar y sintiéndome mal por sentir dolor, por estar enferma. El lunes 18 comencé mi proyecto de sanación a través de 2 caminos: el cambio radical en la dieta y escribir mi confesión.

¿Por qué ahora? 
En agosto de 2015 supe que tenía una enfermedad auto-inmune llamada Síndrome de Sjogren, que afecta las glándulas que producen humedad en el cuerpo. Los síntomas (resequedad permanente en la garganta, dolor articular, cansancio, ojos resecos, etc.) comenzaron en el 2013, pero yo no veía relación entre ellos y por eso no les presté mucha atención. Durante el 2015 viví mi formación con Integrative Shadow Coach, un proceso intenso y profundo que cambió radicalmente mi vida; en julio de ese año viajé a Washington para una parte del entrenamiento y tuve la fortuna de conocer a una pareja maravillosa que me recibió en su casa un par de días, James y Christopher. Mis experiencias de esa semana fueron intensas, mas hubo 2 sensaciones que se quedaron conmigo: lo primero fue no sentir miedo. Al comienzo pensé que se trataba sólo de la seguridad de la ciudad, que en Bogotá es tan escasa, pero después comprendí que se trataba de poder estar tranquila conmigo misma, no sentía miedo de ser yo. La segunda experiencia fue la de estar en compañía de estos dos hombres que se amaban con infinita ternura y mutuo cuidado, en su casa habitaban la belleza y la autenticidad; en la tarde, bajo un precioso árbol, mientras tomábamos una copa de vino y fumábamos unos cigarros fuertes, Christopher me contó que estaba escribiendo su tercer libro y que andaba muy atorado con él porque se trataba de su propia historia; que no era fácil escribir de sí mismo; también me contó de su Lupus, otra enfermedad auto-inmune.  Era la primera vez que oía de las auto-inmunes, era la primera vez que escuchaba a alguien hablar de su dificultad para contar su historia y sin saber por qué, relacioné estos dos hechos como caras de la misma moneda. Cuando volví a Bogotá, fui al médico y me hicieron la pruebas que revelaron mi enfermedad; entonces supe que tendría que contar mi historia y que no sería fácil.

En junio de este año, hace 3 meses, encontraron cáncer en el hígado de mi mamá. Ese diagnóstico puso de nuevo frente a mí la enfermedad como camino. Mi mamá ha sido mi espejo en muchos aspectos, su vida me ha ayudado a ver cosas de la mía, a verme también; el dolor y el sufrimiento han sido constitutivos en su vida. Yo no quiero vivir así; la enfermedad puede ser un camino que nos desconecte o un camino que nos traiga de regreso, que nos permita encontrarnos de nuevo. Mi madre ha elegido la primera opción; yo elijo la segunda.

Y mi manera de usar la enfermedad como camino de regreso a casa es contando mi historia, diciendo mi verdad. Mi doctora me dijo la semana pasada: "Mientras sigas negando partes de ti, dividida, seguirás enferma, porque el miedo que genera el secreto consume tu energía, te seca (lo que hace el Sjogren...)".

Entonces comencé la dieta y la escritura; pero me di cuenta de que el propósito real de escribir no era hacer un libro, sino contar mi historia a otros, aceptar toooodoooo lo que soy, integrar esas partes de mí que he mantenido en la sombra, para dejar de vivir en el miedo, para dejar de consumirme y secarme. Por eso decidí escribir este blog-diario de mi camino de regreso a mí misma, a los otros y a Dios a través de mi proceso de restablecer mi salud y de hacer mi confesión.

Confesión
Mi tesis de grado de la Maestría en Filosofía se tituló: Confesión: género literario y método de configuración del sujeto. No imaginé entonces que 15 años después estaría escribiendo mi confesión en un formato público!  El relato confesional busca unir los puntos de la historia para encontrarle sentido; es un proceso de integración que conduce a la recuperación del poder/responsabilidad sobre la propia vida y a la autonomía (nombrarse a uno mismo).

Hoy sé que esto es exactamente lo que vine a hacer en esta vida: a recuperarme. Quizás también a servir de espejo a otros, no sé y en este momento no me importa. Durante el tiempo que tome volver a mí, yo seré mi centro de atención (escribo esto con dificultad, mi tendencia natural es a ir hacia fuera, hacia los otros; no sólo para pensar en lo que quieren, esperan, necesitan y buscar complacerlos, sino también para proyectar sobre ellos mi culpa, mi rabia: mi miedo). Mas este también es el propósito de volver a mí: mi responsabilidad, mi poder...

Fumar
El domingo 17 de septiembre fumé mi último cigarrillo; mi intención y el compromiso conmigo es no volver a fumar.  Pero he fumado a escondidas desde que me casé con Camilo.  Él odia el cigarrillo y desprecia a los que fuman; cuando éramos amigos, él sabía que yo fumaba y yo sabía que le molestaba, así que dejé de hacerlo cuando estaba con él y me lavaba y perfumaba para que no se notara. Siempre tenía miedo de que se diera cuenta, me sentía culpable y por eso evitaba acercarme mucho si había fumado, así es como los secretos nos separan de otros. En realidad yo no fumaba más de dos o tres cigarrillos, especialmente en la universidad, cuando tomábamos tinto después de almuerzo o nos sentábamos a conversar sobre algo interesante; en "mi mundo", lejos de Camilo, fumar era una actividad que yo disfrutaba y que me acercaba a otras personas. Dividida.

Durante largos periodos dejé de fumar; no me resultaba difícil. Sin embargo, cuando entraba en alguna crisis emocional de la que no podía hablar con nadie, menos con él, volvía a fumar y en esos momentos el cigarrillo se volvía mi compañía en la soledad. Ya no era tan placentero y el miedo a ser descubierta y despreciada era más grande. Cuando quedé embarazada dejé de hacerlo sin ningún problema y volví a fumar el día que decidí separarme de Camilo; de eso hace ya casi dos años. Pero seguí fumando a escondidas, de mi hijo ahora y de los demás también.  Fumaba sola y en secreto, uno o dos cigarrillos de vez en cuando. Hasta hace 5 días.

El secreto, el silencio, el miedo, la separación: contar para sanar.  Hoy, 22 de septiembre de 2017, comienzo esta aventura.

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