Antes de comenzar a escribir estas entradas, dada mi intención de usar la escritura como una forma de comprender y aceptar mi propia historia, no tengo claro sobre qué voy a escribir, así que pregunto. Le pregunto a Jesús dónde necesito poner mi atención, dónde necesita Él que ponga mi atención.  Hoy me dijo: «Hágase en mí y a través mío Tu Voluntad».  Mmmmmm… ¿?

Esto fue el jueves a las 8:00am, pasé la mañana entera dando vueltas como leona enjaulada por la idea, evitando entrar en esto de «someterme a la voluntad de Dios».  Siento cómo se me cierra la garganta y aparecen estas ganas de llorar. No entiendo bien por qué (Es sábado… llevo dos días en resistencia).

Crecí pensando que al decir «la voluntad de Dios» estábamos hablando de todas las cosas horribles que nos pasan y que no entendemos. Así que la voluntad divina parecía llena de maldad, fruto de una imaginación perversa y cruel. La voluntad de Dios exigía nuestro sufrimiento, nuestro sacrificio, porque se trataba de demostrar obediencia para recibir su «favor».

Hace muchos años escribí un cuento titulado «Sara», en el que narro la historia del mandato que Dios hizo a Abraham de sacrificar a su hijo Isaac desde la perspectiva de Sara, la madre imposible y milagrosa. Esa historia nos habla de un Dios que nos pone a prueba, de un Dios que parece desear el sufrimiento que generan en nosotros los sacrificios que exige.

Supongo que eso de escuchar durante años y años a mi mamá decir que no se separaba de mi papá por nosotros… que yo era desagradecida porque no valoraba todo lo que ella había sacrificado por mí y por mi hermano… terminó grabando con fuego en mi alma la idea de que el Amor exige sacrificio, que el sacrificio es lo que hace que Dios nos ame.

Así que obediencia y sacrificio, ok. Yo compré la idea del sacrificio. Me podía abandonar fácilmente en los altares del «bienestar del otro», de su «favor»: «Tú siempre contento, yo te amo, te amo…», dice una canción que cantaba Yuri en los 80… Aunque racionalmente yo criticara la idea, me pareciera estúpida, pues… eso ya estaba inyectado en mi sistema.  Estoy aprendiendo a amar de otra manera porque veo con toda claridad que el sacrificio por amor sólo me ha traído resentimiento.

Ahora bien, es cuando pienso en la «obediencia» cuando se cierra mi garganta y me dan ganas de llorar. Yo no he sido obediente a mis padres… y creo que sí he sido obediente a Dios. En varios momentos de mi vida, hacer la Voluntad de Dios ha implicado desobedecer a mis padres, «desilusionarlos». Y cuando le he dado largas a hacer Su Voluntad ha sido por el miedo a «ser una desilusión» para otros.

La encrucijada va más o menos así: desobedezco a mis padres (u otras figuras a quienes he dado autoridad para decir si soy «buena o mala») y siento que pierdo su amor y no me siento tan segura de que Dios me ame porque creo que yo le causo daño a otros.  Desobedezco a Dios y siento que pierdo no sólo Su Amor, sino el mío; porque hacer la voluntad de Dios es actuar de acuerdo con Mi Verdadera Voluntad y tampoco estoy muy segura de que los demás me amen a mí, a la verdadera Yo, porque esa deja de existir para convertirse en esas versiones de mí misma fabricadas para tener a todos felices.

Entonces la pregunta que se me atora en la garganta y me da ganas de llorar es esa pregunta inútil… ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no pude estar rodeada de personas capaces de amarme incondicionalmente, de enseñarme una versión de Dios distinta?  Claro, podría decir ahora que ya pasé a la pregunta del «para qué» en lugar del «por qué», mas me doy cuenta de que nos es así; todavía me duele una vida partida en dos, una vida de sacrificios por amor. Y ya no puedo negar más la rabia, el resentimiento… con Dios.

Por ahora no puedo escribir más.

Obediencia y Sacrificio

por | Oct 12, 2017 | Contar & sanar | 0 Comentarios