Ok, aquí estoy. Han pasado 6 meses… Las razones del mundo exterior son las que me he repetido varias veces para explicarme por qué no volví a contar para sanar… Pero esas no son las verdaderas razones.  En mi mundo interior, ese que comencé a poner fuera a través de los relatos de fragmentos de mi historia, es de donde despertaron con fuerza los miedos que una vez más me llevaron al silencio.

Ahora mismo siento mi corazón palpitar aceleradamente, mis manos tiemblan ligeramente y la garganta se cierra. Quizás esto suene exagerado, pero así es como lo estoy experimentando. Me siento arrastrada al paredón. Lo escribo porque es mi manera de conjurar este miedo. Lo escribo para convencerme de que soy más fuerte.

¿Qué pasó y qué me pasó hace 6 meses? Escribí sobre un error que cometí que llevó al distanciamiento de una persona importante para mí. Lo que escribí amenazó otra relación importante para mí. Hoy sé que está a salvo; sin embargo, esa parte mía que aprendió a callar para no hacerle daño a otros y preservar la apariencia de “todo está bien” comenzó a gritar con todas sus fuerzas, así que volví a callar… porque me sentía inmensamente vulnerable en medio de las decisiones y los cambios que estaba asumiendo en ese mismo momento.

Hasta que pasó lo que me ha pasado muchas veces antes en la vida cuando me sometí al mandato del silencio: enfermé. A comienzos de febrero mi espalda empezó a doler y yo pretendí que no pasaba nada… hasta que no me pude levantar del dolor.  Las manos y el alma sabias de mi terapeuta hicieron salir de su escondite al miedo. El miedo a decir, a nombrar, a contar y sentirme responsable por el sufrimiento de otros.

En realidad lo que pasó fue sólo el detonante que me llevó (hoy puedo decir que “afortunadamente”) a ponerme en contacto con esta parte mía que calla por temor a perder, a dañar, a entrar en conflicto… Que también está cansada de estar en silencio, de ocultarse.

Hoy no puedo estar 100% segura de que contar me sane, pero sí estoy 100% segura de que callar me enferma.  Así que vuelvo a contar…

“De regreso en la arena”, el título de esta entrada, se refiere al coraje que se requiere para estar en el ruedo, coraje que no tienen quienes se quedan en la seguridad de las graderías criticando a quienes están expuestos en la arena.

En este encuentro con mi parte asustada, también he descubierto el coraje (la otra cara) que he tenido desde que era niña para preguntar por lo que nadie se atrevía a preguntar, por nombrar algunas cosas que eran evidentes para mí pero que los otros no querían o no podían ver y mucho menos nombrar por el temor inmenso a que las frágiles estructuras que sostenían nuestra vida (la vida tal como la conocíamos, que no precisamente la vida que deseábamos) se derrumbaran y dejaran expuestas “todas nuestras miserias” -como reza la oración que inicia la novena navideña-.

Cuánto esfuerzo para mantener oculto el dolor, la rabia, el miedo, la tristeza y las acciones que los generaban: la infidelidad, los juegos de poder, los ataques de nervios y la pérdida de la cordura, los orígenes vergonzosos, el maltrato físico… ¿Cómo habría sido la historia si hubiéramos usado ese mismo esfuerzo para ver, comprender y sanar?

Claro, los patrones hacen lo que están diseñados para hacer: mandar!! Así que aprendí a obedecer los mandatos de silencio, de no cuestionar, incluso de no ver y no sentir… Ojos que no ven, corazón que no siente… Aunque, en mi caso, se trató de ocultar lo que veía, así que mi corazón sí sentía y guardaba silencio… A los 12 años: encefalitis viral, 13 días en coma… Mmmmmmmm… Y a partir de ese momento, mi cuerpo empezó a… contar. “Curiosamente” al año y medio de la encefalitis, mi madre comenzó su doloroso camino a través de la enfermedad. Así que llevo 33 años de formación en esta relación entre el silencio y la enfermedad a través de mi experiencia y de la experiencia de mi madre. Ella ha sido mi maestra, su historia y la mía se trenzan de tal forma que hoy estoy segura de que mi labor de contar también la sanará a ella. “Sanar” es diferente de “curar”; no creo que el cuerpo de mi mamá se cure, sí creo que su alma puede sanar.

Así que contaré mi historia. Mi historia no es la “verdad”, es mi historia, en ella se mezclan las historias de otros como yo las viví. Esta distinción me parece importante: yo no puedo contar la vida de otros, pero sí puedo contar las formas como sus vidas y la mía se encontraron y cómo yo percibí ese encuentro. Hace poco escuché a una escritora norteamericana, diciendo que ella no tenía derecho a hablar del abuso sexual que vivió su hermano (esa era la historia de él), pero que ella sí podía contar lo que le pasaba a ella, que esperaba fuera del cuarto de su hermano… De la puerta para allá era de su hermano, de la puerta para acá era su historia.

Voy a poner mi energía en ver, comprender y sanar… a ver qué pasa.

De regreso en la arena

por | Abr 6, 2018 | Contar & sanar | 0 Comentarios