No sé si alguna vez te ha pasado que tienes “el plan”, sabes qué vas a hacer y, obvio, cómo van a resultar las cosas… Y… Nop. Ni haces lo que planeaste ni los resultados son como esperabas.  

En la última semana he sido muy consciente de este fenómeno y también me he dado cuenta de que ya no me molesta tanto como antes.  ¿Qué ha cambiado? 

Por una parte, siento que me cansé de hacer fuerza para que las cosas fueran como yo quería; por otra,  me di cuenta de que, al final, lo que sucedía era perfecto, así no me gustara mucho; finalmente, he aprendido a confiar en serio en la inteligencia que orquesta tanto lo que sucede en mi vida como lo que pasa en la vida de quienes están en contacto con la mía.

Estoy mejorando mi flexibilidad… Y mi confianza en la inteligencia divina. No es que ya esté en nivel de iluminación 100%… Nop, far, far away… Lo que ha pasado es que elijo confiar. A veces me cuesta y hago berrinche: “No me parece. No entiendo por qué tenía que pasar esto. Qué rabia lo que hizo aquella persona. La verdad, la verdad, creo que en esta te descachaste…”. Estas son algunas de mi frases cuando estoy en “Modo Queja” con Dios. Él me deja hablar, es muy amoroso y paciente conmigo cuando me pongo así. Luego sonríe, incluso a veces se ríe a carcajadas. Entonces, haciendo pucheros, termino riendo yo. Y en ese momento, cuando estoy dispuesta a aceptar lo que pasa, puedo pedirle que me ayude a comprender el propósito de lo sucedido… Hacer esto una y otra vez es lo que ha fortalecido mi confianza; elegir comprender, ver lo que pasa desde una perspectiva más grande.

Hace 2 días me cancelaron un contrato, en medio de la ejecución. Esto nunca me había pasado. No cumplí las expectativas de alguien y, bueno, eso pasa. Cuando me lo dijeron, sentí un gran alivio. Esa fue la primera cosa que leí como una señal de que era bueno para mí lo que estaba pasando. Luego me di cuenta de que podría acompañar a mi hijo a su primera presentación de teatro y el alivio se volvió alegría… En fin, en menos de una hora había identificado 8 razones más que hacían de esa “pérdida” una inmensa ganancia.

En esta ocasión ni siquiera entré en Modo Queja, y aunque ya tenía muchas razones para estar en paz con lo sucedido, le pedí a mi Maestro Interior (las voces de la Inteligencia Divina) que me ayudara a comprender el propósito de esa experiencia. Además de conocer a muchas personas bellas y buenas, de aprender un montón de mi amiga y compañera de trabajo, de recibir el dinero suficiente para saldar una deuda y de aprender varias cosas sobre un tipo de negocio que no conocía, lo que sucedió tenía como propósito que yo reconociera 2 cosas fundamentales: que mi bendición no es para todo el mundo y que, cuando sé que me están guiando, la evaluación no pertenece a categorías o expectativas de nadie, ni siquiera las mías.

Ahora es tu turno, recuerda que no hay aprendizaje sin acción. Esta es una práctica para fortalecer tu Confianza:

  1. Identifica si estás “peleando” con algo que pasó o está pasando. Sabrás si estás peleando con eso, si vuelves a ello una y otra vez, si te quita la paz.
  2. Amplía tu percepción: enumera por lo menos 2 buenos efectos de lo que pasó o está pasando. Si eliges verlos, lo harás: siempre encontramos lo que buscamos.
  3. Cierra los ojos y conéctate con esa parte tuya que ve más, que sabe más, y pídele que te ayude a comprender el propósito de esa experiencia. Respira, escucha…

Espero que te sirvan la reflexión, la historia y la práctica. Si es así, compártela, puede servirle a alguien más. Un abrazo,

Carolina.

3 pasos para recobrar la paz cuando no pasa lo que quieres o esperas

por | Jun 2, 2018 | Conexión con Dios, Conexión con la vida | 0 Comentarios